La última ministra de Cultura de Felipe González

Carmen Alborch, ministra de Cultura del Gobierno socialista entre 1993 y 1996, ha muerto en Valencia a los 70 años, tres meses después de hacer su penúltima aparición política en la toma de posesión de José Guirao. Aquel día, el actual ministro de Cultura agradeció expresamente a Alborch su compañía y ésta recibió un largo aplauso de los presentes. Alborch, valenciana y nacida en un pueblo (Castellón de Rugat, 1947), la mayor de cuatro hermanos, había dirigido su carrera hacia el Derecho y la vida académica. Fue profesora de Derecho Mercantil y decana de la Facultad de Derecho en su ciudad. En 1988, su vida dio un giro cuando aceptó el puesto de directora del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) que había sido fundado dos años antes.

En el Gobierno, Carmen Alborch llegó en el ocaso del felipismo a un puesto que había sido conflictivo desde el paso de Jorge Semprún por el Ministerio de Cultura. Todo estaba en su contra y, sin embargo, Alborch sobrevivió y se convirtió en una figura reconocible y carismática. Pacificó la industria cine con una ley proteccionista, avanzó en la ampliación del Reina Sofía y en la del Museo del Prado y se ganó fama de política dialogante y culta.

Fue, además, la primera política española que habló de impulsar el mecenazgo como fórmula de financiación de la cultura. Cuando el Partido Popular llegó al Gobierno y Esperanza Aguirre la sucedió en la cartera de Educación y Cultura, Alborch regresó a Valencia, donde fue senadora y candidata en las elecciones municipales de 2007 a la Alcaldía, rival de la entonces invencible Rita Barberá. Desde 1996 hasta 2008 fue diputada de la Cortes y desde aquel año hasta 2016 fue senadora por Valencia, cargo que compatibilizó con el de concejal de la ciudad entre 2007 y 2011. Además, escribió varios libros y promovió el reconocimiento a las mujeres en el mundo de la cultura. Hace dos semanas, en la celebración del 9 d'Octubre en Valencia, Alborch recibió la Alta Distinción de la Generalitat. En su discurso de aceptación, la ex ministra defendió su entrega al movimiento feminista y defendió su conquista: "Un espacio para las mujeres que no han tenido nunca" .